Prohibido fu-Marx
de Andrés Kilstein

---x--- El más ambicioso proyecto: clasificar a la totalidad de la juventud argentina ---x---

15 de mayo de 2012

Vandalismo estético Entrevista a RRAA, el autor de los anuncios intervenidos en toda la Ciudad.

 
Al contemplar el trabajo de RRAA se puede ser víctima de varios errores. El primero sería dejarse arrastrar por el cansancio visual y naturalización que impone la rutina para convencerse de que las pintadas rosas y celestes que cubren los rostros de los personajes vienen impresas en el afiche publicitario. El artista gráfico cuenta que varios transeúntes le confesaron haber sido presas de esta ilusión.

El segundo error (del que quizá sólo pueda advertir el autor) sería pensar que las intervenciones del artista son máscaras. “Yo no pinto máscaras”- se apresura por aclarar RRAA- “por el contrario: lo que hago es desenmascarar. La máscara es la ilusión de belleza que ofrece la publicidad, de lujo, de elegancia. Al cubrir los rostros, igualo”.

RRAA asegura que el rostro en su forma pura, libre de determinaciones, sería una manera de desmitificar: “El tipo que aparece al lado del auto lujoso probablemente sea un pibe fachero de Laferrere. Cubrirles los rostros es una forma de realizar esa frase que, quizás sea medio trillada, pero dice que todos somos iguales ante los ojos de Dios.”

Emprendió hace cinco meses el proyecto de intervenir los afiches ubicados en las principales avenidas de la ciudad. La labor es agotadora: se traslada a pie, haciendo recorridas de hasta ocho horas, con gran esfuerzo físico, superando obstáculos como las rejas metálicas que se interponen entre él y la pieza a ser operada. Cubrir cada rostro le toma entre  diez y cuarenta minutos (dependiendo del tamaño y de las dificultades que se presenten) que pueden repetirse una y otra vez si los afiches intervenidos son reemplazados por unos vírgenes. “He intervenido hasta 3 veces el mismo cartel”, cuenta.

Nada de esto sucedería si el artista (que ronda los 30) no tuviera una definición clara de publicidad, una convicción en relación a esta materia, que es, probablemente, el resultado de haber pasado por el rubro, trabajado como director de arte en un pasado cercano. “No estoy contra la publicidad, que considero necesaria, sino contra el bombardeo publicitario. Y es como el Aikido: aprovecho la fuerza del oponente para acometer mi ataque”.

Las pintadas no siempre fueron celestes y rosas. Probó suerte con amarillo, el primer color que tenía a mano cuando salió a pasear a su perro y sintió que tenía que hacerlo. El rojo le resultaba más notorio, pero lo desechó por ser demasiado llamativo. No quería abundar en colores para poder generar una identidad. Así fue como comenzó su fidelidad con los colores actuales.

¿Por qué dejás descubiertos los ojos y la boca?
Los ojos y la boca son lo más expresivo de la cara a nivel visual y conceptual. Los ojos permiten dialogar con el transeúnte a través del contacto. La boca es un icono explícito de comunicación.

¿Quiénes han sido tus referentes cuando empezaste con estas acciones?
No hay muchos. Quizá Oscar Brahim (http://www.taringa.net/posts/arte/946633/El-taxista-artista-_muy-bueno_-Oscar-Brahim.html) . Lo suyo fue una referencia en cuanto que trabaja sobre el soporte publicitario, te deja pensando, aunque, a diferencia de lo que yo hago, él a veces trabaja con la idea de expresión burda para burlarse del modelo publicitario. Mi trabajo es diferente porque está sembrado por sitios donde pasa mucha gente, más disperso. Brahim apuesta más al impacto en un sitio singular.

¿Y Banksy?
Mucha gente me ha preguntado si me inspiraba en Banksy. Pero su obra es diferente. Si bien tiene un lenguaje conceptual parecido, no trabaja mucho sobre el soporte (el afiche). Más bien hace instalaciones, trabaja con objetos. Sin duda es un referente en materia de dejar mensajes en la vía pública, pero lo que yo hago no es lo mismo que un mural estético. Una inspiración más cercana es Shepard Fairey (http://www.thegiant.org/wiki/index.php/Shepard_Fairey) por el uso de la reiteración, de la fenomenología, el montarse sobre la estrategia publicitaria.

¿Cómo verías que tus acciones se replicasen y se generara un fenómeno sin centro, al estilo masa crítica, en que otros artistas en otras partes se apropiaran de lo que vos hacés y lo continuaran?
Por una parte sería un reconocimiento; significaría que a alguien le gustó. Incluso si se lo apropiaran creativos publicitarios para usar en una campaña. Significa que pudieron convencer a alguien más arriba con esa idea y están dispuestos a gastar miles de pesos para realizarla. Pero por otro lado, en el hecho de que sea retomado por otros se pierde lo artesanal. Me gusta estar yo encima, controlar la prolijidad con que se hace.

¿Por eso trabajás solo?
Prefiero. Hay personas que me contactaron para ofrecerme ayuda. Pero, como te digo, prefiero hacerlo solo, mantener el laburo artesanal. Me gusta tener el gobierno sobre la pieza final.

¿Recibís algún tipo de feedback, devolución?
Muy variado. A veces se detienen a verme trabajar y me comentan cosas. Una mujer me hizo conocer a mi fan más joven: una nena de 2 años que cada vez que ve una intervención se ríe. Mi madre no lo aprueba: me dice que si me sobra el tiempo podría hacer obras de caridad. En una oportunidad se me acercó un tipo y me dijo: ‘le pintaste la cara a mi mujer. No lo hagas más’. Era el esposo de la cantante Liliana Barrios. Me produjo algo de cosita porque entiendo que la mina no es Coca-Cola. Ella se enteró cuando alguien le dijo que estaban haciendo vandalismo estético con sus afiches. Ese concepto me encantó y me gustaría apropiármelo.
Nota de mi autoría en revista Cultra: http://cultrartes.blogspot.com.ar/2012/05/vandalismo-estetico.html

19 de abril de 2012

¿Qué resuena de Iom HaShoá en la actualidad?


Iom HaShoá resuena en la actualidad no como una sustancia sino como una forma. La fecha es una invitación a pensar más allá de la amenaza palpable, a no eternizar el pasado pero tampoco el presente. Iom HaShoá transmite la impetuosa presencia de la identidad negativa, no como recuerdo de lo que fue, sino en su apertura potencial, en la medida en que descubrimos en las imágenes de la tragedia el modo en que lo “judío” designa una imposibilidad de la humanidad, la exclusión de un particular que presta ilusión de coherencia a un universal barrado/fallido.

El judaísmo se erige como una identidad negativa. El concepto puede ser comprendido de diversas maneras: identidad negativa por constituirse mediante el señalamiento y aislamiento destructivo de un enemigo, es decir, la acción hostil de un Otro que tiene efecto en la formación de un Nosotros; identidad negativa, siguiendo a Slavoj Zizek (1989), si entendemos que “judío” designa, en cuanto marca ideológica, a la porción de la comunidad que no encuentra lugar en la totalización a nivel imaginario de dicha comunidad y permanece, como un elemento éxtimo (externo pero constitutivo del cierre totalizador e imaginario del cuerpo social); o también identidad negativa, en la versión que más aplicación encuentra en el debate expuesto, en términos territoriales: la existencia territorial de los judíos como colectivo con aspiraciones nacionales y no como individuos aislados ha sido calificada de ilegítima en cuanto lugar se establecieran, lo que les ha costado constantes expulsiones y matanzas.

La identidad negativa está acompañada de rasgos trágicos y fatalistas. Arnoldo Liberman parece reflejar en sus palabras la idea condensada en la frase del refranero idish “Zeier shver tzu zain an id” (Qué difícil es ser judío!). Así lo expone el escritor: “…ser judío parece ser, antes que nada, eso, una dificultad, una ansiedad, por lo menos en su aspecto más vívido. No intento, claro, desconocer otros caracteres (una cultura, una idea, un sentido de comunidad), pero son posteriores: una cultura, una idea, un sentido, construidos desde un hecho básico y primario: la comunidad del riesgo, la hostilidad histórica, el abandono del mundo”. José Itzigsohn también manifiesta la identidad negativa en el desajuste entre el judío y su simbolización socio-histórica: “Desterrados de la vida de Europa por asiáticos, malqueridos en Asia por europeos, morenos en Alemania, rubios y de ojos azules en Palestina”

Iom HaShoá es la marca de la negatividad, el desajuste extremo que nos priva de un sentido último, de un señalamiento divino situable en algún lado, del privilegio de ser el pueblo elegido para algo, para algún propósito. Y en cambio nos ofrece la visión de lo caótico y azaroso como componentes integrales de la vida. Como nos recuerda Zizek, el principal error en la reflexión sobre las catástrofes humanas o naturales consiste en caer en la tentación de encontrar sentidos trascendentales. ¿Y si la Shoá fue una advertencia de un impiadoso Di’s por habernos apartado de la senda de la observancia religiosa? ¿y si fue un evento horroroso pero que finalmente prestó su servicio a la creación del Estado de Israel? ¿y si profundizó la crisis del capitalismo y lo dejó al borde del abismo? ¿y si sirvió de aprendizaje para ponerle coto a los totalitarismos? No. Una y otra vez no. Las catástrofes no tienen su sitio justo, no encuentran sentido en ninguna racionalización que las valorice. Son sólo pérdida. La memoria suprime el componente de pura pérdida en su propósito de domesticar a lo inefable. Pero nunca debemos apartar de la mente que la Shoá es ese índice de la experiencia humana en su más plena y terrible inconsistencia.

8 de abril de 2012

Simbolismo sexual del calzado, un ejemplo


· Todo zapato, al envolver el pie, metáfora genital, simboliza el coito. Este dato es reforzado con el diseño de un espacio amplio para el calce y la exhibición del pie. La penetración queda expuesta, destacada.

· La falta de elementos punzantes y agresivos, la redondez y falta de prominencias sumados al moño, simbolizan la virginidad, el cuerpo en desarrollo y redondeado de una pre-puber.

· A esto hay que agregar la representación más precisa de los moños y el lazo como el elemento anclado en la fantasía perversa, donde toman un lugar preferencial los lazos, cordones y cintas, símbolo de atadura y ahorcamiento.



Sujeto acude a alcohólicos anónimos diciendo que su problema no es el alcoholismo sino el anonimato


Un sujeto que había ido a hacer una consulta acusiante a alcohólicos anónimos debió retirarse decepcionado al serle comunicado que no existía ningún tratamiento para su problema de anonimato. El hombre dijo a este medio que la razón de su padecimiento es que sus padres nunca quisieron revelarle cuál era su nombre luego de que se dieran cuenta que el nombre que habían elegido para su hijo “no les gustaba en absoluto”.

El sujeto anónimo explicó a Moloko Vellocet: “De chico nunca fui llamado, ni siquiera para ir a la mesa”. Esto derivó en que el niño desarrollase una capacidad telepática para descubrir cuándo sus padres lo solicitaban o se estaban yendo de vacaciones sin él. “Tuve una infancia sufrida. Recuerdo que me refugiaba en la lectura de autores anónimos; leía Robin Hood, Simbad el marino, el Cid Campeador y la Biblia”. Sus suplicios, sin embargo, no se limitaban al ámbito familiar sino que se prolongaban a la escuela. “Ni siquiera mis compañeros se dignaban a ponerme un apodo. Yo les rogaba que por favor lo hicieran, por más ofensivo que fuera, pero me contestaban una y otra vez que no encontraban ningún motivo para apodarme dado que yo no era gordo ni pelirrojo ni corría como un pato. Recuerdo también que en la secundaria, a la hora de tomar lección yo siempre era el primero en ser llamado pues la rectora había decidido que ‘nada’ estaba antes que ‘A’.

Moloko Vellocet: ¿No se le ocurrió hacer un reclamo a la Real Academia Española por esta última cuestión?

: La Real Academia Española avala que ‘nada’ está antes que ‘A’.

M.V.: ¿Te molesta que te pregunten cómo te llamás?

: Por supuesto. Tengo que contestar “No me llamo”.

M.V.: ¿Te molestaba esa propaganda de Banco Río en que un montón de chicos decían su nombre?

: Me enfurecía. Todas esas caras bonitas con nombres. Esto nunca se lo conté a nadie, pero una vez vi a uno de esos chicos en la calle y lo golpee hasta que le salió sangre de la nariz.

M.V.: ¿Te disculpaste?

: No.

M.V.: ¿Alguien se disculpó en nombre tuyo?

: ...

M.V.: Uy, disculpá. Cambiando de tema ¿alguna vez pensaste en hacerte llamar N/N?

:Lo pensé. Pero sonaba demasiado policial.

M.V.: ¿Conociste otras personas que como vos no tuvieran nombre?

: Conocí a varias. Pero lamentablemente he perdido el contacto por no poder anotarlas en mi agenda.

M.V.: ¿Cómo te sentís luego de que la organización alcohólicos anónimos no te haya admitido?

: Sumamente decepcionado y triste. Porque este hecho nos demuestra que en la Argentina no hay igualdad. ¿Cómo es posible que esta organización se ocupe tanto de los alcohólicos y no tenga ni un puto folleto para los anónimos? Esto revela que los alcohólicos son verdaderamente poderosos en este país, un verdadero grupo de presión sostenido por los Quilmes, los Heineken. Y después te recomiendan que pienses en verde. Ellos piensan en los ‘verdes’.

1 de abril de 2012

El Vaticano ahora es puto y judío


Luego de siglos de silencio, el Vaticano ha decidido retractarse por sus juicios discriminatorios y prejuiciosos vertidos contra judíos y homosexuales: “Los judíos no son demonios. Nos dejamos llevar por las apariencias”. En el día de ayer se celebró una conferencia en la Capilla Sixtina en donde el jefe de Relaciones Públicas del Vaticano pidió públicamente disculpas a las comunidades judías y homosexuales pero solicitó también comprensión dado que “cuando acusábamos a los judíos de demonios, asesinos de Cristo y asesinos de niños cristianos, no éramos los únicos responsables; la opinión pública marcaba esa tendencia”. El Vaticano justificó la posición tradicional de la Iglesia con estos argumentos: “En el siglo XIV la ciencia no había avanzado tanto para probar que los judíos eran personas totalmente normales. En ese entonces nos reservamos el beneficio de la duda”. Y agregó: “Hoy en día sabemos que estuvimos equivocados. Pero no somos orgullosos: nos retractamos y ya hemos ofrecido a numerosos judíos puestos en la jerarquía clerical, como gesto de pacificación”.

Sobre las acusaciones contra homosexuales, las expresiones fueron diferentes: “Es una hipocresía discriminar a los homosexuales, porque nosotros tenemos muchos en nuestras filas. Y algunos ni siquiera tienen la delicadeza de conseguirse una pareja discretamente en un pub, sino que se ponen de novios con chicos de hogares y luego salen en la tapa de los diarios”.

Finalmente, el Vaticano reconoció que está bien que existan gays pero siempre y cuando haya al mismo tiempo parejas heterosexuales que formen una familia católica, manden a sus chicos a colegios católicos y paguen religiosamente la cuota mensual.

18 de marzo de 2012

Nati la chica progre


Nati es una chica progre. Se pone su saco de pana, sus anteojos retro y su piercing y sale a ver cine independiente iraní. Le cabe la onda exótica: en esos países que viven en guerras y masacres hay gente muy apasionada; no como los occidentales en los que la sangre no corre por las venas. Es por eso que ella hace Yoga, una actividad progre. El Yoga, además de ofrecerle relajación, estira­mien­to y concentración, es progre. Nati, qué actividad progre que realizás.

Los fines de semana ella sale con su novio a Plaza Francia. Su novio trabaja en un estudio de diseño gráfico, pero por las noches es artista. Su novio, además de darle contención, entretenimiento y satis­facción sexual, es progre. Nati, qué lindo novio progre que tenés.

Ella está pensando en irse de vacaciones a Cuba, un balneario pro­gre. Cuba, además de darle, rumba, salsa y hombres negros para his­­te­riquear, es progre. Nati, qué vacaciones progres que vas a te­ner.

Ella se define apolítica. No obstante, está sensibilizada por el hambre y la pobreza que hay en el mundo. Es por eso que a los pobres siempre les da una moneda y a la hora de votar lo hace por la Alianza, que reúne las tradiciones progres de Yrigoyen y de Perón. Voto que además de afirmar su sentimiento de ciudadanía y de participación en la soberanía nacional, es progre. Nati, qué sufragio progre que emitís.

19 de febrero de 2012

17 de febrero de 2012

Alegato en contra de los corsos porteños


Estoy descansando tranquilo en mi casa cuando soy despertado de forma súbita por un sonido ensordecedor que provien de la calle. Se escuchan bombos, gritos, trompetas y se me viene a la cabeza la barra brava de Chacarita probablemente apostada en la esquina. Salgo inmediatamente a auxiliar a mis vecinos. Estoy confundido. Ninguna hinchada. Se trata de uno de esos piquetes con mala música y pésimo gusto que llaman corso.

Apenas alcanzo el lugar, soy abordado por una pandilla de niños en edad escolar que me empiezan a atacar con lo que tienen a mano, es decir, espuma y pistolas de agua. Me encuentro desarmado, lo que hace mi situación aun más precaria. La pandilla identifica el flanco más débil y me ataca a los ojos.

Se trata de una banda anárquica, sin jerarquías, de tal manera que no hay un cabecilla con quien negociar mi rendición. Además se nota que han planificado el ataque: tienen el rostro cubierto con purpurina, pintura, quizá para no ser reconocidos en una rueda de sospechosos.

Atrás hay unas señoras que parecen las madres de los críos. Intentan que los pibes depongan su actitud: "Tirale sólo a los que están jugando. No le tires al señor". El infructuoso pedido de la madre me hace acordar a los ruegos de la ONU dirigidos a EEUU: "Por la vía diplomática, por la vía diplomática", que se suceden con la decisión de EEUU de ir por la vía militar.

Concluidas las agresiones estimo que lo mejor que puedo hacer para preservar mi integridad es conseguir yo también un tubo de espuma. A modo de autodefensa. Me dirijo a comprar uno y me dicen que un tubo cuesta 20$ con el choripán.

- Quiero sólo un tubo

- Viene sí o sí con el combo. Lee el cartel. Espuma + chori 20$.

Me empiezo a poner nervioso. Con la promoción te obligan a participar de su festejo. De repente me encuentro a mi mismo comiendo un choripán mientras veo como ese ejército de espásticos al que llaman murga avanza por un corredor central, sus participantes dando patadas al aire y haciendo gestos incomprensibles sin propósito aparente.

Qué terrible es eso de las mascotas a las que subyugan! Es decir, el fenómeno de lo padres murgueros que someten a sus nenes de 2 o 3 años a disfrazarse casi tan ridículos como ellos mimos y forzarlos a caminar con los otros indecorosos "bailarines".

Mi mente persiste en estas reflexiones, cuando veo una imagen que me perturba. Entre la multitud identifico a uno de mis agresores acompañando a la columna. Atravesado mi cuerpo por un rapto vindicativo, salto las vallas metálicas, me dirijo en dirección al niño, lo reduzo y le vacío el tubo de espuma en ojos, oídos y nariz (orificios donde la aplicación de espuma está contraindicada), haciendo justicia por mí y otros peatones damnificados. El público se estremece, pero no precisamente para alentar mi valeroso acto. Para mi asombro prefieren alinearse con el pequeño maleante, lo defienden y cuestionan mi accionar. Increible.

29 de enero de 2012

Las consecuencias no buscadas de la tira de Gustavo Sala.


En el Museo Eduardo Sivori, ese espacio tan agradable a las márgenes del Rosedal, se exhibe actualmente una muestra sobre el pintor judío polaco Maurycy Minkowski. Hace dos fines de semana, mientras estaba paseando en bici alrededor del lago, fui sorprendido por un cartel grande y vertical anunciando la muestra del artista. Contaba con el auspicio de la Fundación IWO, el centro de investigaciones judaicas más importantes de Buenos Aires. Detuve mi recorrido y me metí en el museo. Minkowski se dedicaba originalmente a la composición de paisajes. Pero sacudido por las cruentas escenas que dejaba el estallido de los pogroms, su idea de la pintura viró radicalmente. Los pogroms eran persecuciones violentas contra los judíos, que incluían saqueos, linchamientos, hogueras, abusos sexuales, destrucción de viviendas y comercios, que tenía por protagonistas a turbas enardecidas en Rusia, Ucrania, Rumania, Bessarabia, Bielorrusia, alentados la mayoría de las veces por autoridades zaristas y con la anuencia de las fuerzas policiales. Minkowski se dedicó a retratar los rostros de las víctimas, los cuerpos vulnerados que resultaban de los estallidos de violencia. Las imágenes son estremecedoras y vale más acudir a la muestra y verlas que mi fútil intento por reconstruirlas con la palabra.

¿Qué tiene que ver esto con la tira de Gustavo Sala? El domingo pasado otra vez me encontraba paseando frente al museo y contemplé como aquella gigantografía que anunciaba la muestra de Minkowski (la misma que capturase mi atención con anterioridad) se encontraba cubierta con una pintada negra que rezaba: “No a la censura”. Una mente razonable encuentra difícil trazar una posible asociación entre un pintor del siglo XIX que retrataba la vida judía en la Europa Oriental, con algún tipo de censura. Pero era cuestión de abandonar la razonabilidad para advertir que el mensaje que atentaba contra la muestra de Minkowski, en realidad, estaba dirigido a toda la comunidad judía (una suerte de castigo colectivo por la desgracia del artista de nacer judío) y guardaba relación con el alegato de que habría un intento de censurar a Gustavo Sala luego de su torpe humorada. El caso le vino como anillo al dedo a los antisemitas, reflotando la teoría del lobby judío y el control de los judíos sobre los medios de comunicación, sugiriendo el poder de las instituciones comunitarias, encabezadas por AMIA y DAIA, para acallar a las voces indeseables en los medios a su voluntad. Es ridículo hablar de censura cuando la impresentable tira de Sala fue publicada. En el caso hipotético de que en el futuro los editores se abstuvieran de trabajar con Sala, la única responsabilidad (o irresponsabilidad) sería la del autor.

La pintada me dio mucha lástima, porque la muestra de Minkowski merece ser respetada y honrada. Sin embargo, el caso es sintomático de cómo el fenómeno del antisemitismo “trabaja en lo hondo”; es un sentimiento profundo, no superficial, y encuentra circunstancias propicias para producir pequeñas erupciones. Lo de Sala probablemente haya sido sólo una torpeza; el respaldo de los dibujantes: ciego corporativismo; pero las pintadas contra un museo (y las otras potenciales pintadas contra instituciones judías con el mismo alegato) son actos de antisemitismo. Esto demuestra cómo la torpeza también puede tener efectos antisemitas.
Nota final: y de paso hago un llamado a que aprovechen y concurran a la muestra en el Sivori, antes de que finalice el 20 de febrero.

26 de enero de 2012

Yo nunca firmaría en apoyo a Gustavo Sala




Ayer mismo di con una solicitada en que un abultado colectivo de dibujantes y artistas respaldaban a Gustavo Sala por las supuestas amenazas que hubo recibido en repudio a su polémica tira de Página/12. El comic, para quien se encontraba de vacaciones o lleva la vida de un topo, componía torpemente al DJ David Ghetto, quien hacía bailar a reclusos en un campo de exterminio para que los jabones que se produjeran con sus restos fuesen de mejor calidad. Narrado suena casi tan burdo como es visualmente.

En primer lugar, las “amenazas” que movilizaron a los artistas a respaldar a su colega parecerían ser, en el peor de los casos, intimaciones legales, lo que no se ciñe bien al concepto de amenaza. Más bien es el justo recurso al derecho dentro de un marco legal condenatorio de la discriminación étnica o religiosa. Para decirlo más fácil: amenaza es que te llamen por teléfono prometiéndote el abuso sexual de una de tus hijas o que te ametrallen el frente de tu casa. Que te manden un mail acusándote de antisemita o que te hagan una demanda legal es lo que corresponde si uno sostiene una sartreana ética de la responsabilidad, en la que uno no puede evadir de ninguna manera el resultado (esperado o no esperado) de sus acciones.

Mi opinión: no existe ningún prurito para hacer humor negro con temas sensibles, incluso con la Shoá. El problema es cuando se hace algo burdo, torpe, carente de justificación histórica, irreflexivo, sin contenido, que sea una asociación fácil de conceptos enquistados, tal como hizo Gustavo Sala. El problema no es hacer humor negro sino que ese humor sea irreflexivo.

Yo mismo he hecho humor con Auschwitz; en la tapa de mi libro “Esto no es SPAM”, aparece la ilustración "Comunidad Movistar Toit Lager" con dibujo de Langer e idea mía, donde se puede ver a un recluso del campo de concentración que tiene tatuado en su brazo un número de celular, 15 6807 etc etc. El mensaje es claro: en las sociedades contemporáneas somos masificados y numerados a través de dispositivos tecnológicos como el celular. El número de celular puede ser asimilado con fines humorísticos a la numeración con que es identificado un convicto. En esta modalidad de humor negro, se toman elementos de esa enorme tragedia que fue la Shoá, pero se los emplea reflexivamente, intentando exponer un sentido histórico.

Veamos en cambio qué hizo Sala: en primer lugar efectuó una demasiado sencilla asociación entre el músico David Guetta y la palabra Ghetto, para luego cometer la enorme torpeza histórica de asociar Ghetto con campo de concentración. El ghetto, que se remonta a la Edad Medieval, consiste en la concentración de una población segregada (de manera forzada o no forzada) en espacios diferenciados de la ciudad. No hay una asociación directa y necesaria entre el ghetto y los judíos o entre el ghetto y un campo de exterminio. Sólo desde una mirada muy inocente y poco informada sobre la materia se puede plantear semejante vínculo (también para el disfrute de un público poco informado). Posteriormente se hace humor muy liviano sobre el hecho de que de los cuerpos de los judíos aniquilados se extraía materia prima para la elaboración de jabón. Esta es la asociación más fácil que involucra a la Shoá, tan fácil e irreflexiva que es el lugar común de hinchadas de fútbol en su esfuerzo antisemita. Es un lugar tan común que a esta altura se comporta como una muletilla obtusa a la hora de hacer humor. Es decir, si vas a hacer el mismo humor que la barrabrava de Chaca, después no te quejes histéricamente de las consecuencias.

En definitiva, Gustavo Sala se conduce como un adolescente torpe, inculto y desinformado. Sólo que lo hace desde un foro de alcance nacional y con el respaldo de años de credibilidad (por lo menos en materia de multiculturalismo e integración) como es Página/12. Yo no respaldo a Gustavo Sala simplemente porque creo que tiene que hacerse responsable de sus actos, aun cuando no tenga la trayectoria previa de un antisemita.

19 de diciembre de 2011

Mi vivencia del 19 y 20 de diciembre


Indefectiblemente, siempre que empiezo a conocer a alguien le pregunto que estaba haciendo el 19 y 20 de diciembre. Como ese relato me atrae sobremanera, ofrezco mi propia vivencia personal.

Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.

A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera López Murphy y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que el Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao.

Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad.

Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua.
Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniendo muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.

Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad.

Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.

Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.

1 de diciembre de 2011

Semblanza de Marruecos


En Rabat y Marrakesh hace calor hasta fines de noviembre (la altura de Marrakesh no cambia las cosas).

La primera es una ciudad de embajadas y oficinas gubernamentales acompañadas de hoteles y restaurantes de lujo, de esos que alojan reuniones importantes. Los hoteles marroquíes parecen recuperados de la época colonial cuando prestaban su servicio para acomodar la fantasía orientalista de los colonos franceses y el deseo de sus cipayos.

Las noches de Rabat son atravesadas por fantasmas, jóvenes que deambulan por las calles casi vacías con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Dos muchachos amenizan su marcha con una petaca de alcohol. La esconden inmediatamente cuando sienten la presencia difusa de una sirena. Luego aparece el vehículo, un patrullero de la “Seguridad nacional” (cuando una Policía no se llama Policía se hace difícil no pensar en “1984”) .

De cualquier manera, los oficiales de seguridad uniformados no abundan. En Marrakesh, la ciudad más turística, la gente se aproxima con confianza a la plaza Djema bañada por la oscuridad (una gran explanada librada para artistas, rodeada de cafés con terraza y flanqueada por el sok o mercado). En un lugar con la densidad poblacional de Florida y Lavalle y el intercambio de dinero del Mercado de Liniers casi no se atesoran policías uniformados. En cambio, los servicios encubiertos, que se intuyen por todas partes, refuerzan el efecto panóptico.

Hay poco lugar para las bicis en un sitio en que se avanza como se puede. Motos, peatones y, de ser físicamente posible, autos comparten los mismos callejones. Más por imposición de los motorizados que por ánimo de convivencia. Si se es peatón la fórmula es caminar siempre para adelante en línea recta sin detenerse, pues los motociclistas cuentan con que uno no modificará el recorrido. De lo contrario acontece el accidente. Presenciamos dos en el transcurso de cinco días.

Vi en la TV una publicidad de Activia protagonizada por actrices árabes. Y con esto creo haberlo visto todo. Como si las mujeres de la región no tuvieran suficientes problemas con la notoria desigualdad, la opresión y la violencia contra su género, también parecen preocupadas por el tránsito lento.

Sí, la mujer es un tema, tanto como uno imagina antes de visitar el país. Quienes usan el hijab, parecen orgullosas de su hábito y no reconocen la existencia de diferencias entre hombres y mujeres (ni siquiera las visuales y aparentes que el mismo hijab impone). Las islamistas contagian: hasta las mujeres seculares se visten con recato. De pantalón de jean, pero con recato.

Ancianos barbudos y maltrechos se reúnen a sacudir los tambores en la plaza Djema de Marrakesh. Entre ellos revolotean aves de corral, salidas de no se sabe dónde (no se entiende el significado de las aves en ese sitio, si es que lo tuviera). Uno de los músicos provee a los demás té de menta en copas de cristal. La música que tocan vibra como la música latina: candombe, cumbia colombiana o capoeira. El parecido es poderoso. La influencia negra penetró tanto en el norte de África como en Latinoamérica. La música popular es africana en todas partes. Y en Marruecos se siente universal. Entonces es cuando uno piensa la posibilidad antes evasiva de una universalidad negra, de una universalidad construida desde el margen.

Y si hablamos de márgenes, hay que reconocerlo: los marroquíes cuidan mejor a sus niños que lo que lo hacemos en Argentina. Aunque de vez en cuando se observa a criaturas marroquíes pidiendo en la calle, esta imagen no se repite tanto ni tiene la misma fuerza disruptiva que los chicos argentinos en edad primaria con su ropa hecha girones, su salud y aspecto físico lamentables y la compañía infaltable del pegamento.

Tanto en Rabat como en Marrakesh hay trapitos y tenderos acostumbrados al regateo. Los trapitos emprenden peleas territoriales feroces. Los tenderos del mercado son más previsibles y si no uno evade sus insistentes llamados (negándoles hasta la mirada) abandonan su ímpetu. La clave está en preguntar el precio, retirarte decepcionado de la tienda y esperar que el mercader acuda en tu búsqueda. La esencia de cualquier negociación: sólo puede obtener algo bueno quien esté dispuesto a renunciar a todo. La costumbre de demandar dinero por grabarlos o tomarles fotos me pareció inaceptable.

Es paradójico que en esta monarquía cuasi absoluta, con un parlamento de facultades muy limitadas y un rey que no quiere abandonar sus prerrogativas, los tenderos te inciten a proponer por sus mercaderías “un precio democrático”.

Fuimos a cubrir las primeras elecciones luego de una reforma constitucional prácticamente inocua. Una hora antes de que cerrasen los comicios, la participación rondaba el 25% del padrón. Sorpresivamente, una hora después la cifra había trepado al 45%. Con todo, no parecen cifras de participación para entusiasmarse, y la gente con intereses en la elección lo estaba. La vehemencia con que el gobierno y sus agentes se interesan por que el periodismo internacional refleje el proceso con bondad reafirma mi convicción: cuanto más conozco a los Estados-policías árabes, más quiero a mi democracia liberal.

5 de noviembre de 2011

Las únicas batallas que puede ganar la izquierda son las que toma prestadas al liberalismo.


La instalación en la agenda pública del debate sobre la legalización del aborto, sumado a los avances en los últimos años (por lo menos en el ámbito judicial) del movimiento por la despenalización del consumo de drogas, y el matrimonio igualitario, dan cuenta de que las únicas gestas que puede ganar la izquierda (1) son las que toma prestadas al pensamiento liberal.

Simpatizo con las tres causas (aborto legal, matrimonio igualitario, despenalización del consumo). Por lo tanto, nada de esto debe ser leído como una crítica ni a las causas en sí ni al progresismo que las levanta. Es más bien la comprobación que la defensa que hace la izquierda se sostiene en fundamentos alejados de su tradición colectivista. Para decirlo más sencillo: aunque sus militantes no lo reconozcan, los únicos trofeos que la izquierda exhibe con orgullo han sido robados al campo liberal (corriente a la que socialistas, comunistas y peronistas se juntan para execrar).

La izquierda tradicionalmente privilegia los intereses colectivos por encima de las libertades individuales. Con esto no digo que los militantes menosprecien las libertades individuales; sino que en los casos en que el bien colectivo colisiona contra una libertad individual, el progresista se inclina por atender lo colectivo. Pensar a un individuo aislado de su comunidad y sostener desde esta figura una argumentación política es rápidamente censurado por los seguidores de Karl Marx; se trata de una verdadera robinsonada, un error en el que suelen incurrir los analistas liberales. El individuo por sí solo no es nada. El individuo sólo es en cuanto que ocupa una posición determinada en una estructura social. Para el pensamiento de izquierda entonces, no existen derechos o libertades intrínsecas al concepto de individuo, no existen derechos individuales absolutos e inalienables: es la sociedad la que confiere estos derechos y la sociedad la que tiene la capacidad de negarlos.

Llama la atención que la consigna principal de la campaña por la interrupción del embarazo contradiga de manera tan ostensible los principios colectivistas, y aun así la izquierda no dude ni un segundo en apoyarla. La afirmación de que “cada mujer decide sobre su cuerpo” (con la que estoy absolutamente de acuerdo, aunque no venga al caso) ¿no debería ser vista desde la izquierda como una digna robinsonada?, ¿no es una desviación de corte individualista?, ¿no hay algo en la reproducción que atañe al colectivo humano, y por lo tanto excede la potestad del individuo? Si para un socialista/ comunista/ peronista de izquierda son tan importantes las instancias colectivas, ¿en qué momento éstas intervienen en el slogan según el cual el individuo (femenino) decide exclusivamente sobre su cuerpo y el embrión en gestación? Alguien podrá decir que cuando el asunto llega a la intimidad o al ámbito doméstico, la disputa sobre lo “colectivizable” se detiene. Las decisiones reproductivas, por lo tanto, no entrarían en conflicto entre lo público y lo privado y serían exclusiva potestad del individuo. Pero sabemos que para el verdadero pensamiento socialista no hay nada privado que caiga fuera de la esfera de lo público. No por nada son conocidas las historias de activistas en la década del ’70 que pedían permiso a la organización en la que militaban para casarse o tener hijos. El concepto era claro: los militantes se sentían parte de un proceso social que los excedía, la revolución. Por lo tanto, sólo los mandos revolucionarios podían dilucidar adecuadamente si el casamiento o la procreación prestaban servicio (o al menos no estorbaban) a la Causa superior. Los tiempos son otros, claro está. Pero aún sigue en pie la cuestión. Cuando desde un extremo del debate sobre el aborto se sostiene el derecho incondicionado de la mujer a decidir sobre su cuerpo y en el otro extremo se afirma que tal derecho debe limitarse por las otras consideraciones presentes (las del padre, del bebé por nacer, de la humanidad como concepto), ¿no son los pro-vida los que ocupan la posición más “colectivista”, mientras que los pro-aborto defienden una consigna lisa y llanamente individualista/ nominalista?

Algo similar ocurre con el derecho ilimitado de cada individuo de consumir estupefacientes sin que se interponga el Estado o instancia colectiva alguna. Sólo puede defenderse tal garantía acudiendo al principio rotundamente liberal según el cual “en el espacio privado y mientras no se perjudique al prójimo, el individuo goza de plena libertad de acción”. Pero en el instante en que traemos al análisis el interés superior de la comunidad, la razón de Estado, vemos como la “libertad individual” de consumir drogas se desbarata. ¿Es aceptable para el pensamiento “colectivista” que el individuo haga con su salud lo que le antoja, máxime cuando los tratamientos de desintoxicación, aquellos que hacen frente a la adicción o a los padecimientos asociados, son soportados por las finanzas públicas (es decir, costeados por el conjunto de la comunidad)? Si se favorecen las decisiones colectivas, asamblearias, ¿no debería ser el conjunto de la comunidad la que decida si quiere esos fondos destinados a tratamientos públicos para drogadependientes o para otro propósito? ¿Y si la comunidad considera que la maximización de su interés colectivo reside en que los individuos se mantengan alejados de sustancias que tienen un impacto negativo para la salud pública? Sólo defendiendo la plena libertad de acción en el fuero privado tiene sentido desestimar cualquier consideración colectiva, de interés público, que se ponga por delante de la libertad de un individuo de hacer con su cuerpo lo que se le antoja. Por si no está claro que el consumo de drogas puede entrar en conflicto con una rígida moral socialista, es pertinente observar el tabú que organizaciones de izquierda del ’70 colocaban sobre los estupefacientes (e incluso sobre el consumo de alcohol), a tal punto que no sorprende el antiguo canto: “No somos putos ni somos faloperos, somos soldados de FAL y Montoneros”.

Y ya que mencionamos la palabra “putos” (que los militantes setentistas – sobrevalorados por la izquierda contemporánea- pronunciaban con acento peyorativo), cerremos con el tema. Es comprensible que aquella vieja izquierda, la de la disciplina marcial como instrumento para derrotar a la burguesía en la “guerra de clase contra clase”, encontrase en la reivindicación de derechos de los homosexuales una desviación burguesa, un señuelo colocado por el enemigo para distraer al proletariado de la verdadera y única batalla social: la que acontece en el ámbito de la producción. Está de más decir que la izquierda se ha incorporado muy tardíamente a las luchas LGTTB, ha tenido históricas dificultades para comprenderlas, y que, anteriormente, su visión de lo queer era tan arcaica como la del conservador promedio. La movilización por la igualdad de derechos, en cambio, se presenta como la continuación de las luchas civiles que tienen por blanco directamente derechos individuales y desestiman cualquier pretensión colectivista a la que se le adjudique prioridad.

Quizá nos encontremos en un momento de la historia en que tanto liberales e izquierdistas hayan abandonado sus principios originarios. Los liberales para entregarse a la real politik del mercado, aferrados a dos o tres mantras anti-estatistas con los que pretenden simular interés por el orden de lo público; la izquierda para reanudar con fervor militante aquellas consignas legítimas y huérfanas; libertades individuales múltiples abandonadas por los liberales para concentrarse en la única libertad de la que no podrían desprenderse: la libertad de comprar y vender.


(1) De manera amplia, incluyo en la categoría de izquierda al troskismo, el comunismo, el socialismo y el ala izquierda del peronismo, entre otras variantes “colectivistas”.

31 de octubre de 2011

Uno de los remates más divertidos del Midrash

¿Por qué Dios formó a Eva de la costilla de su futuro esposo? La pregunta no preocupó a Adán, pero sí al Midrash, que dió la siguiente explicación: antes de realizar su proyecto, Dios se dijo: no formaré a Eva de la cabeza de Adán porque caminaría con la frente levantada, haciendo gala de gran arrogancia; tampoco de los ojos la formaré, porque sería curiosa, demasiado cursiosa, llena de codicia; ni de las orejas porque escucharía tras las puertas; ni de la nuca, porque tendría la cerviz dura y el porte insolente, ni de la boca, porque sería una charlatana, ni del corazón porque enfermaría de envidia, ni de la mano, porque se metería en lo que no le importa. No, decidió Dios, la formaré de la parte más casta del cuerpo de Adán, de su costilla. Pues bien, a pesar de tantas precacuciones, la mujer ostenta todos esos defectos.
Elie Wiesel en "Celebración bíblica. Retratos y leyendas del Antiguo Testamento" (1987)

28 de octubre de 2011

Primero ocupar. Las demandas vienen después. Por Slavoj Zizek (traducido pour moi)

¿Qué hacer después de las ocupaciones de Wall Street – protestas que empezaron en lugares periféricos del mundo, alcanzaron el centro y ahora, reforzadas, se mueven por todo el globo? Una de las mayores amenazas que enfrentan los manifestantes es enamorarse de sí mismos. Como repercusión de la ocupación de Wall Street de la semana pasada, un joven de San Francisco invitó a la multitud a participar de acciones como si se tratara de un happening, exhibiendo el estilo hippie de la década de 1960: “Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos acá para pasarla bien”.



Los carnavales son fáciles de conseguir – el verdadero examen de valor es lo que persiste el día después, cómo se modifica nuestra vida cotidiana. Los manifestantes deberían enamorarse en cambio del trabajo duro y paciente – se encuentran al comienzo de un proceso, y no al final. El mensaje básico es: se rompió el tabú; no vivimos en el mejor de los mundos posibles; tenemos la posibilidad, incluso la obligación, de pensar alternativas.

En una suerte de tríada hegeliana, la izquierda occidental ha completado el círculo: luego de abandonar el así llamado “esencialismo de la lucha de clases” por una pluralidad de luchas anti-racistas, feminista y demás, el capitalismo ahora re-emerge claramente como el nombre de EL problema. Entonces la primera lección es: no culpes a la gente y sus actitudes. El problema no es la corrupción o la ambición, el problema es el sistema que empuja a la gente a ser corrupta. La solución no es la consigna “Main Street sí (1) , Wall Street no”, sino cambiar el sistema en el que Main Street no puede funcionar sin Wall Street.

Existe un largo camino por delante y pronto tendremos que enfrentar las preguntas verdaderamente difíciles – no las preguntas de qué es lo que no queremos, sino las preguntas sobre que queremos. ¿Qué organizaciones sociales pueden reemplazar al capitalismo existente? ¿Qué nuevo tipo de líderes se necesitan? ¿Qué órganos, incluyendo aquellos de control y represión? Las alternativas del siglo XX, obviamente, no han funcionado.

Aunque es emocionante contemplar el goce de la “organización horizontal” de las masas, sus debates abiertos y el sentimiento de solidaridad igualitaria, debemos también considerar las palabras de GK Chesterton: “Tan sólo una mente abierta no significa nada; el objeto de abrir la mente, como el de abrir la boca, es cerrarla de nuevo sobre algo sólido”. Esto también vale para la política en tiempos de incertidumbre: los debates abiertos deberán fundirse no sólo en algún nuevo significante amo, sino en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: “¿Qué hacer?”

Los ataques directos de los conservadores son fáciles de responder. ¿Son las protestas anti-americanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman que Estados Unidos es una nación cristiana, uno debería recordar lo que es el cristianismo: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Son los manifestantes los que actúan el Espíritu Santo, mientras que en la Bolsa se veneran a dioses falsos.

¿Son violentos los manifestantes? Seguramente su lenguaje puede aparecer violento (ocupación y demás), pero son violentos sólo en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren detener el rumbo actual de las cosas - ¿pero qué significa esta violencia nimia en comparación con la violencia necesaria para sostener el funcionamiento suave del sistema capitalista global?

Se los llama perdedores - ¿pero no están los verdaderos perdedores en Wall Street, quienes constantemente deben ser socorridos por el Estado? Se dice que los manifestantes son socialistas, pero en Estados Unidos ya existe un socialismo funcionando para los ricos. Se acusa a los manifestantes de no respetar la propiedad privada – pero las especulaciones de Wall Street que derivaron en el colapso del 2008 confiscaron más propiedades (conseguidas con esfuerzo) que lo que los manifestantes podrían atacar en toda su vida – sólo hay que pensar en las miles de viviendas que fueron confiscadas a personas endeudadas.

Los manifestantes no son comunistas, si por comunismo entendemos el sistema que merecidamente cayó en 1990 – y debe recordarse que los partidos comunistas que todavía están en el poder dirigen las economías más salvajemente capitalistas. El éxito del modelo chino de “capitalismo liderado por comunistas” señala que el matrimonio entre capitalismo y democracia está a punto de divorciarse. El único sentido en que los manifestantes son comunistas es que se preocupan por lo comunitario – la naturaleza, el conocimiento – que se encuentra amenazado por el sistema actual.

Se los subestima con el mote de soñadores, pero los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir igual indefinidamente, sólo con cambios cosméticos. No son soñadores; al contrario, son quienes han despertado de un sueño que se volvió una pesadilla. No están destruyendo nada, sino reaccionando frente al modo en que el sistema se destruye a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados: el gato alcanza un precipicio pero continúa caminando; sólo comienza a caerse cuando mira hacia abajo y se percata del abismo. Los manifestantes sólo están indicando a quienes detentan el poder que miren hacia abajo.

Esta es la parte más fácil. Los manifestantes deben estar atentos no sólo frente a sus enemigos sino frente a falsos amigos que pretenden apoyarlos pero en realidad trabajan duro para diluir la protesta. De la misma manera en que conseguimos en el mercado café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helado descremado, los poderosos procurarán volver las protestas un gesto moralista inofensivo.

En el boxeo, es común abrazar el cuerpo del oponente como una forma de evitar o disminuir los golpes. La reacción de Bill Clinton frente a las protestas de Wall Street fue un caso perfecto de “abrazo político”. Clinton piensa que las protestas “están bien mientras tengan equilibrio”, pero está preocupado porque las demandas son difusas: “Necesitan demandar algo específico, y no sólo estar en contra de algo. Porque si sólo estás en contra de algo, otra persona va a llenar el vacío que creaste”. Clinton sugiere que los manifestantes deberían encausarse tras los planes de empleo de Obama, los que, según afirma, crearán “un par de millones de puestos de trabajo en el próximo año y medio”.

Lo que hay que resistir en esta instancia es precisamente tal traducción rápida de la energía manifestante en un conjunto de demandas pragmáticas concretas. Sí, los manifestantes crearon un vacío – un vacío en el campo de la ideología hegemónica, y se necesita tiempo para llenar ese vacío de una manera aceptable, siendo que es un vacío esperanzador, una apertura para lo verdaderamente nuevo.

La razón por la que los manifestantes salieron a la calle es porque ya tuvieron demasiado de ese mundo en que una persona puede sentirse feliz reciclando latas de gaseosas, entregando algunos dólares para caridad, o comprando un capuchino en tiendas donde el 1% se destina a resolver problemas mundiales. Luego del fenómeno de la “terciarización” del trabajo y de la tortura, luego de que las agencias de matrimonio terciarizaran hasta nuestras citas, los manifestantes observan que por largo tiempo se les ha ofrecido terciarización hasta para sus compromisos políticos – y los quieren recuperar.

El arte de la política también consiste en insistir en una demanda tal que, aunque completamente realista, perturba el núcleo mismo de la ideología hegemónica; por ejemplo, una demanda que aunque definitivamente viable y legítima, es de hecho imposible para el sistema actual (un caso: la demanda de cobertura médica universal en los Estados Unidos). Luego de las protestas en Wall Street se debe movilizar a la gente a formular ese tipo de demandas – sin embargo, es igualmente importante al mismo tiempo mantenerse alejado del terreno pragmático de las negociaciones y las propuestas “realistas”.

Debemos concentrarnos en que cualquier debate aquí y ahora necesariamente es un debate en el terreno del enemigo; se necesita tiempo para desplegar un contenido novedoso. Todas nuestras palabras pueden ser conquistadas por el enemigo – todo excepto nuestro silencio. Este silencio, el rechazo del diálogo, de cualquier forma de abrazo del enemigo al estilo del boxeo, es nuestro “terror”, siniestro y amenazante como debe ser.

(1) Main Street es la calle neoyorquina en la que se concentraron las protestas.
Discurso de Zizek en Occupy Wall Street, con el título: Occupy first. Demands come later.

19 de octubre de 2011

Subjetividad + modernidad

Como en la masturbación en el caso de Freud, los capitalistas podrán acumular compulsivamente riqueza en base a la explotación del trabajo ajeno en cuanto una ilusión fetichista borre las huellas de esta escisión constitutiva del sistema capitalista; es por eso que el intercambio equivalente y la libertad formal de los individuos en el capitalismo no son lo contrario a la explotación sino su otra cara. Esto explica que entre la acumulación de riqueza y la masturbación se encuentra el fetiche.



Con respecto a la cuestión del plusvalor pasa algo muy particular que ya señalamos en el caso de la ideología. Para terminar con la explotación no alcanzaría con que los trabajadores obtuviesen un pago en el que se les retribuyera la totalidad de su trabajo de manera tal que se mantuviera la forma valor pero se suspendiera la extracción de plusvalor; igual que en la figura del rostro y la máscara si suspendemos el plusvalor también perdemos el valor, la realización de la producción social tomaría una forma radicalmente distinta.


La mercancía, hay que ir todavía más lejos ahora, no es sólo la forma que toma el producto social y que, por lo tanto se limita a regular la dimensión de la producción y la distribución. Al permitir la igualación de objetos cualitativamente distintos, al permitir abstraer el contenido particular, la concreción de todas las cosas, la mercancía es la forma misma en que se organiza la subjetividad, esto es, la percepción y nuestras categorías del conocimiento. Como bien lo interpretó el sociólogo esloveno Slavoj Zizek sobre una lectura de Sohn-Rethel: “La forma-mercancía articula de antemano la anatomía, el esqueleto del sujeto trascendental kantiano, a saber, la red de categorías trascendentales que constituye el marco a priori del conocimiento objetivo científico”, y luego: “Antes de que el pensamiento pudiera llegar a la idea de una determinación puramente cuantitativa, un sine qua non de la ciencia moderna de la naturaleza, la pura cantidad funcionaba ya en el dinero, esa mercancía que hace posible la conmensurabilidad del valor de todas las demás mercancías a pesar de la determinación cualitativa particular de las mismas. Antes de que la física pudiera articular la noción de un movimiento puramente abstracto actuando en un espacio geométrico, independientemente de todas las determinaciones cualitativas de los objetos en movimiento, el acto social de intercambio ya había realizado ese movimiento abstracto “puro” que deja totalmente intactas las propiedades concreto-sensuales del objeto captado en movimiento.”

Lo que propongo ahora es que, en un espiral entre lo subjetivo-objetivo, así como la abstracción y cuantificación del pensamiento moderno se hicieron posibles sólo porque ese movimiento ya existía en la efectividad del acto social de intercambio, de la misma manera fue necesario para la afirmación de éste último que previamente el mundo fuera desmaterializado, borradas las huellas de la corporeidad por la impronta en la subjetividad de la moral cristiana. Así lo entiende bien Rozitchner cuando nos dice: ”Se necesitó imponer primero por el terror una premisa básica: que el cuerpo del hombre, carne sensible y enamorada, fuese desvalorizado y considerado un mero residuo del Espíritu abstracto. Sólo así el cuerpo pudo quedar librado al cómputo y al cálculo(...)”. El Espíritu abstracto al que se refiere el filósofo argentino capta la Idea a la que se remite toda actividad humana, el orden sobrenatural por el que el hombre actúa y deja de hacerlo. Como Idea que es, preexiste a la contingencia de la actividad humana. El concepto de libre albedrío, la presciencia de Dios, por la cual Dios conoce de antemano el resultado de nuestros actos y de nuestra vida pero aun así, por ser Bondadoso, nos permite actuarlos libremente, sería restituido en el recorrido de la Razón y el Progreso que imaginó el Iluminismo. La Bondad divina que se imprime en los actos de los mortales piadosos, prestaría su cuerpo al misterioso Valor del capitalismo, entidad abstracta que también se imprime mágicamente sobre todas las cosas de la tierra (acá es necesario recordar a Marx cuando nos dice: “Si digo que tanto el derecho romano como el derecho germánico son derechos los dos , afirmo algo obvio. Si digo, en cambio, que el derecho, ese ente abstracto, se efectiviza en el derecho romano y el derecho germánico, en esos derechos concretos, la conexión se vuelve mística”). Como dije antes, la sociedad feudal estaba atravesada por una rígida jerarquía vertical de estamentos que guardaban una profunda diferenciación desde el más bajo al más alto. Pero, y aquí nos interesa exponerlo como lo haría Althusser, cada sujeto ocupaba libremente su lugar en cuanto éste respondía a un mandato divino, un llamado, una interpelación de Dios a ocupar ese lugar para realizar una misión, pues desde el imaginario social feudal la vida mundana se organizaba en torno a la promesa de vida eterna. La profunda desigualdad entre los distintos sujetos era anulada en la simetría que cada sujeto guardaba con Dios, de la misma manera en que en el capitalismo todos somos interpelados como iguales por el Mercado, iguales por el Derecho.

17 de octubre de 2011

¿Quién no vió una película así?

Un maestro de música de una escuela rural en China, quien es querido y admirado por sus alumnos, es expulsado del establecimiento luego de que hiciese explícito su apoyo a un grupo armado guevarista ocupado en boicotear la circulación de las bebidas cola. Los alumnos lo visitan a su casa y lo continúan queriendo aun cuando sólo se trata de un desocupado. El maestro estrá triste porque le arrebataron su actividad más preciada. Pero contento por la alegría que introducen los chicos en su hogar y porque ahora tiene las tardes libres para reflexionar y hacer un poco de gimnasia. Finalmente, el maestro de música debe quitarse la vida para no caer en manos de la temible policía secreta china, y lo hace estoicamente mientras entona en su órgano eléctrico "Los santos vienen marchando".



En un alejado paraje de Irán, el director nos invita a conocer el recorrido que hace diariamente un campesino para llevar leña a su hogar. El director no se muestra especialmente preocupado por el hecho de que en el recorrido no acontece nada. El film desarrolla una visión profunda y contemplativa de la humanidad. Se reflexiona sobre la amistad, el amor y la muerte, y lo más meritorio es que estas palabras ni aparecen mencionadas. La película muestra cómo la tecnología occidental fue penetrando en un rincón tan remoto del planeta y el protagonista narra bellísimamente la forma en que su vida se vio modificada abruptamente por el descubrimiento de las ortodoncias removibles. El film termina en un momento desesperado en que un público confundido decide escapar de la sala y no volver a ver cine independiente iraní nunca más hasta el próximo festival.

15 de octubre de 2011

¿Tienen pelota? Porque acá hay cuadro, vo’


Imagen: Pibes de escasos recursos económicos visualizan la carrera deportiva como la única posibilidad certera de ascenso social que los ponga a resguardo de la miseria de las barriadas suburbanas, en los que serían absorbidos por la industria del narcotráfico que requiere de mano de obra barata y extorsionable dispuesta a arriesgar su propia vida para conseguir algo cercano a un sustento para su familia supernumeraria como consecuencia de los principios contrarios a la anti-concepción propios de la doctrina católica apostólica romana, una de las religiones de mayor crecimiento vegetativo en los últimos siglos.

La Ch de Ierebit


La articulación de la Ch de Ierebit involucra al depresor de lengua y la parte posterior de la cresta alveolar. Decir palabras como "Chungtzé, echa, demuestran". Durante las consonantes, la punta de la lengua puede ubicarse por detrás de los dientes frontales inferiores, o puede colocarse incluso cerca de la cresta alveolar, pero la hoja de la lengua está siempre cerca de la parte posterior del reborde alveolar. Intenta decir "charada" con la punta de tu lengua en una ocasión, y la siguiente hacia abajo. Tenga en cuenta que la hoja de la lengua es necesaria. Usted puede ser capaz de sentir el lugar de articulación más claramente si se mantiene en posición estática mientras toma una respiración preferentemente por la boca. En la Ch de Ierebit el aire entrante enfría la hoja de la lengua y la parte posterior de la cresta alveolar.

La producción de algunos sonidos involucra a más de uno de estos
socios de la articulación. Di la palabra ''cheap” seguida de “guillotina” y piensa en cómo hacer el primer sonido. Al principio, la lengua se acerca a contactar
a la parte posterior de la cresta alveolar para formar un cierre interruptor. Este contacto luego se debilita de manera que no hay espacio para una consonante fricativa en el mismo lugar de articulación. El tipo de combinación de una detención seguida inmediatamente del sonido fricativo se llama una africada, en este caso una africada palato-alveolar, un matriz muy característica de la Ch de Ierebit, reconocida a principios de la década del 20 del siglo 19.

Hay una africada sorda al principio y al final de la palabra "church". La Ch de Ierebit se insinúa pero prefiere no realizarse al principio y al final de "judge". En
todos estos sonidos los articuladores (punta de la lengua o la hoja y el reborde alveolar) se reúnen para la detención, y luego, en vez de despegarse completamente, quedan ligeramente separados, de modo que una fricativa se realiza en el mismo lugar de articulación. Trata de sentir los movimientos en tu propia pronunciación de estas, las palabras.

La posición de los labios varía considerablemente en diferentes vocales que siguen luego de la Ch de Ierebit. Ellos están generalmente más cerca en vocales de tono medio y alto posteriores (como en "bueno,
alimentos"), aunque en algunas formas de Inglés norteamericano no es así. Mira la posición de los labios en un espejo mientras que dices solo las vocales en "'Mirad, se escondió, la cabeza, había, el padre, bueno, la comida". Usted probablemente encontrará que en las dos últimas palabras hay un movimiento de los labios, además de los movimientos que se produce debido a la retracción y el avance de la mandíbula. Este movimiento se llama redondeo del labio. Por lo general se nota más en el menor de edad. Saque de movimiento las comisuras de los labios. Las vocales que siguen a la Ch de Ierebit se pueden describir como redondeadeas (como en "que había") o no redondeados (como en "prestar atención").

Hay cambios tonales aceptados por la articulación de Ch de Ierebit. Sí, debido a variaciones en la actividad de la laringe puede ocurrir independientemente de los cambios de tensión. Cuando lo hace, puede afectar el sentido de la oración como un todo. Piense. El patrón de tono en una frase es conocido como la enación o entonación. Escucha a la entonación (las variaciones en el tono de su voz) cuando dice la frase "Este es mi padre" Trate de averiguar qué silaba tiene el tono más alto y cuál el más bajo: la mayoría de la gente susurra nocivamente sobre el tono más alto que se producirá en la primera sílaba de "padre" y el más bajo, el segundo. Ahora observamos los cambios de tono en la pregunta "¿Es este tu padre?" En esta frase, la primera sílaba de" padre" está por lo general en un bajo terreno de juego tonal, y la última sílaba está en un tono alto. En inglés, incluso es posible cambiar el significado de una frase como "Esto es un gato" de un estado-afirmación a una pregunta sin alterar el orden de las palabras. Si sustituyes principalmente un aumento de la entonación, principalmente la caída, se producirá una pregunta hablando con un aire de asombro: "Eso es un gato?". Los mismos cambios tonales se presentan en la Ch de Ierebit. Preguntarse: “China, chorizo, chucaro”.

Finalmente, considere las consonantes en los extremos de "sonó, corrió, carnero." Cuando usted dice estas consonantes por sí mismas, tenga en cuenta que el aire sale a través de la nariz. En la formación de estos sonidos, el punto de cierre articulatorio se mueve hacia delante, de alveolar en "sonó" a través de la articulación palato-alveolar en "corrió" y a bilabial
en "carnero". En cada caso, el aire no puede salir por la
la boca, pero es capaz de salir por la nariz porque el paladar blando, o
velo, se baja gracias a la Ch de Ierebit.

13 de septiembre de 2011

¿Por qué nos emocionamos con los Pumas?




“Los Pumas emocionan porque son personas de alta extracción social que pudiendo entregarse al lujo prefieren fracturarse y revolcarse en el barro”. Este tweet fue el propulsor de una polémica que no desestimó comentarios ásperos y descargos de gente que, sin duda, se sintió tocada.

Es por ello que contestaré con mayor extensión la pregunta: ¿por qué nos emocionamos con los Pumas (nosotros=la sociedad)? Alguien podrá decir que esta premisa es engañosa, en cuanto que el fenómeno que destaco para el caso del rugby se presenta también en otros deportes. Que quede claro: la selección de fútbol nos apasiona; a los representantes argentinos en el basket los consideramos parte de una “generación dorada”, es decir, brillante, magnánima; el equipo de tenis nos parece heroico en sus hazañas. Pero el sentimiento de “plena y orgánica nacionalidad” que despierta en el público la entonación vibrante del himno por parte de los Pumas, no puede ser fácilmente rastreado en otros deportes. En este texto contestaré la pregunta con la que comencé, pensando al rugby exclusivamente en su significado social.

Prácticas deportivas y sistema social

El sociólogo Norbert Elias desarrolla el proceso de esterilización y formalización de los juegos que entregó como resultado el nacimiento de los deportes modernos. Paulatinamente las prácticas atléticas fueron diferenciándose, prestándose como un campo conveniente para la inserción de modelos sociales cuyo objetivo era controlar “las pasiones y las emociones” (Dunning, 1994). Bourdieu (1993) afirma que en el deporte se reproducen fielmente las asimetrías presentes en la sociedad más amplia. En las dinámicas internas de cada juego se construyen modelos morales de virtud que esconden modos de ser de las clases sociales dominantes que confieren prestigio a dichos juegos.

Juan José Sebreli, el sociólogo argentino, señala el lugar privilegiado que tiene la virilidad y el vigor físico en los deportes elegidos por las clases altas. Esto se asocia con un “culto de la corporalidad” de origen aristocrático. Como legado histórico, las clases altas rinden culto al cuerpo porque el linaje en el que se imaginan se transmite sanguineamente. De allí que este culto a la corporalidad se exprese acabadamente en el rugby cuyas habilidades requeridas dependen marcadamente del vigor físico. También para Bourdieu la exaltación de la virilidad aparece mejor representada en el rugby que en otros deportes. Y esto guarda relación con un patrón dominante de valorización de lo masculino por sobre lo femenino, y de lo material por sobre lo intelectual (Barbero González, 1993).

El rugby, deporte preferido de la elite social, ofrece una matriz que sirve para modelar el espíritu de las futuras dirigencias. “Se construye un nuevo ideal que desdeña la erudición, y exalta la virilidad, permitiendo adquirir la hombría y el coraje” (Barbero González, 1993).

El rugby en las clases altas.

El rugby rememora el combate en campo abierto, actividad a la que, en algún tiempo, se dedicaba exclusivamente la nobleza. La guerra era una atribución y un privilegio de quienes mandaban. Sólo aquellos tenían la capacidad física y la valentía de someterse a los más duros padecimientos por propósitos que excedían la ganancia individual.

Este deporte sostiene entonces modelos de moralidad cercanos a lo militar, y permite reunir en un mismo terreno, por un lado, la condición de caballero (basada en el sacrificio, la lealtad, el respeto, el orden, los buenos modales) y, por otro, la agresividad (asociada a los rasgos naturalmente violentos de la práctica). ¿No es llamativa la coincidencia entre este modelo y el paradigma de “exitoso hombre de negocios”, cordial y atento en sus formas, agresivo en su práctica comercial?

Por otra parte, el rugby cuenta con un prestigio social atribuido, reconocido por los mismos practicantes de este deporte, y que muchas veces no puede desligarse de la exclusividad. Clubes de barrios suntuosos operan una discriminación socio-económica que no se materializa en ninguna formalidad concreta. También persisten entre los miembros de varias instituciones prejuicios antisemitas (de origen nacionalista), que se remontan a la xenofobia del patriciado que antecedió a las clases altas de la actualidad.

En resumen: el rugby reproduce la asimetría presente en la sociedad general y construye un modelo de virtud moral cercano al honor marcial, basado al mismo tiempo en la caballerosidad y la agresividad. Son estos los puntos a partir de los cuales los sectores dominantes buscan construir “valores nacionales y patrióticos”. La imagen de los rugbiers entonando el himno con la intensidad que amerita una batalla nos emociona; y, al mismo tiempo, es la antesala del chauvisnismo y la xenofobia.

Pero, ¿y de dónde la emoción?

Mi hipótesis personal es que el contraste entre las características del juego (violento) y de quienes practican este deporte (caballeros, líderes), sostiene la fantasía utópica por la cual “las personas de status elevado descienden al barro”, es decir, bajan a la suciedad, al esfuerzo, al desamparo e incluso al dolor físico de los desposeídos y relegados. Estos elementos contenidos en el juego "realizan" en el plano de la fantasía social un ideal de igualación que transgrede el impenetrable ordenamiento jerárquico de la comunidad existente. Es esta realización de una fantasía imposible la que moviliza la emoción del público general.

Referencias bibliográficas
BARBERO GONZÁLEZ, J. (1993). "Introducción". En Brohm J.M. (1993): Materiales de sociología del deporte. La Piqueta. Madrid
BORDIEU, P. (1993). "Deporte y clase social" (primera publicación en 1978), en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.
DUNNING, E. (1994). “Reflexiones sociológicas sobre el deporte, la violencia y
la civilización”, en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.